El 68 quedará marcado por el clima cultural de aquellos años, marcados por el movimiento de rebeldía generacional, básicamente estudiantil, hijos de la naciente clase media que querían cambiar la sociedad y los valores en los que se habían criado. El carácter juvenil de esa rebeldía enlaza con la importancia del factor generacional, es la primera generación nacida después de la Segunda Guerra Mundial y crecida durante las tensiones de la guerra fría. Una generación europea que vive por primera vez valores comunes democráticos, con un fascismo vencido, pero bajo la amenaza del comunismo. Una Europa occidental sin guerras por primera vez, pero bajo la amenaza de una posible tercera guerra mundial que pudiera ser la definitiva del género humano. Una generación anónima que crece por primera vez sin hambre, estable, y con altos niveles de vida. Sin embargo, existirá una fuerte insatisfacción en algunos de los hijos de la clase burguesa dirigente, de cambiar la sociedad según sus gustos y placeres, disfrazándolos de bienestar para los demás. Aquellos estudiantes se convierten en portavoces de una clase trabajadora idealizada, pero no real, ya que la verdadera nunca había disfrutado de un nivel de vida tan elevado como en aquellos años de pleno empleo que vivió la Europa occidental.

No obstante, aquella rebeldía generacional estará influida por los movimientos revolucionarios de la América hispana, donde si existían graves diferencias sociales como consecuencia de los procesos de emancipación de España, que empobrecieron aquel continente. También la lucha lejana de los movimientos descolonizadores de África y de Asia, cuyas actuaciones ponían en evidencia las sombras de los regímenes coloniales establecidos a finales del siglo XIX. Sus luchas por la libertad parecían asemejarse a las visiones oficiales de algunos países, como la revolución independentista de los EEUU, la francesa o la rusa. Los triunfos destacados por los medios de comunicación de la revolución cubana en 1959, de la argelina en 1962, incluso la revolución cultural china en 1966, la inclusión en el panteón de los mitos en 1967 del Che Guevara, incluso las alabanzas en 1968 a favor de las guerrillas comunistas de Vietnam, cuando lanzaron la gran ofensiva del Tet, fueron golpes propagandísticos que enlazaban el comunismo con la lucha por la libertad, sin mirar que sucedía verdaderamente al otro lado del muro. Incluso estrellas del celuloide, como Jane Fonda viajaron a Vietnam del norte en 1972, en plena guerra, y posó junto a las tropas norvietnamitas que luchaban contra sus compatriotas.

El Mayo del 68 parisiense fue el ejemplo de una revolución que iba contra las formas y no contra el régimen. No cambió el poder, pero transformó los valores morales, al favorecer la promiscuidad sexual sin compromiso. También favoreció al feminismo, aunque no en la línea de sus pioneras, sino en la aceptación del aborto como un modo de control de la natalidad. El Mayo del 68, se disfrazó de revolución, pero apuntaló al régimen, incrustándole el reconocimiento del hedonismo, dentro de sus valores liberales. Con el tiempo, sus revolucionarios de salón fueron apareciendo como representantes reformistas de los partidos tradicionales del sistema, como Henri Weber, ex líder de la Liga Comunista y posteriormente eurodiputado socialista o Pilar del Castillo, de la maoísta Bandera Roja y luego ministra de Educación del Partido Popular.

El historiador Pascal Ory describe este fenómeno en una entrevista en el semanario L’Express, como el acontecimiento que hizo que se pasara de una izquierda generalista obrera a una nueva izquierda especializada en la lucha contra los valores de la sociedad. Las protestas contra la guerra de Vietnam, serán vistas como una protesta contra el imperialismo y el capitalismo, divulgadas como pacifismo, pero en realidad, favorables a las medidas violentas, siempre que fueran afines a sus ideales revolucionarios. En la RFA se añadió el rechazo a la gran coalición de gobierno, y en Francia al nacionalismo propiciado por el general De Gaulle. Aquellas protestas elevaron nuevos líderes como el alemán Daniel Cohn-Bendit, quien se erigió en el líder más mediático del Movimiento del 22 de marzo, donde su mayor preocupación era el reconocimiento de sus gustos sexuales. Sin embargo, las protestas sirvieron para reunir a anarquistas, trotskistas, comunistas y libertarios en torno a las interpretaciones maoístas o guevaristas de la lucha revolucionaria campesina.

Sin embargo, la incapacidad de cambiar el sistema llevó a los miembros más radicales de los grupúsculos izquierdistas a optar por la violencia después del 68. Los futuros terroristas creyeron que el recurso a la lucha armada seguía teniendo vigencia, como había pasado de forma victoriosa con los fenómenos revolucionarios hispanoamericanos, africanos o asiáticos. Los intentos de asemejarse con ellos, eran intentos de hacer creer que era la hora de la revolución armada, para poder tener el reconocimiento de la sociedad, no obstante, en la práctica se quedaría en unos cuantos crímenes terroristas cuyo principal legado será el dolor de las familias de las víctimas

La última novela de Maj Sjöwall y Per Wahlöö, Los terroristas, nos introduce en ese modo de pensar, cuando el tan elogiado Estado de Bienestar escandinavo, es criticado como un Estado todopoderoso que impide el desarrollo individual y esconde una forma más refinada de imperialismo capitalista, por lo que el único modo de romper aquel nudo gordiano era cortarlo de forma brutal a través de la violencia terroristas para despertar a la sociedad a través de un auténtico shock provocado por una acción terrorista que iniciase el movimiento social que rompiese el aletargamiento que producía la socialdemocracia a través de un bienestar que sólo ocultaba su corrupción y el clientelismo servil.

No obstante, resulta difícil hacer un perfil general real de los terroristas, en algunos casos, como la RAF, incluyeron incluso enfermos mentales. En todo caso, el miembro de un grupo terrorista debía estar convencido de vivir en una realidad ficticia, dominada por un Estado opresivo contra el cual debía actuarse con toda la fuerza de la violencia, como único instrumento purificador para provocar la insurrección del pueblo y causar la revolución higiénica que limpiase mediante el derramamiento de sangre la instauración de una República Popular. Para ello el adoctrinamiento ideológico será determinante, y especialmente la eliminación de su humanidad. A las víctimas que iban matar, arrebatando su humanidad, se les podía asesinar como alimañas, a las cuales se les comparaba. Por ejemplo en el vocabulario de los miembros de ETA, a los miembros de la policía siempre se les denominaba como txakurras (perros). En cuanto a los civiles se hacía lo mismo, un periodo de difamación y acusaciones, que pretendían justificar su posterior asesinato y en los grupos que tenían un fuerte apoyo social, la acción asesina se veía acompañada por el aislamiento social, el boicot a sus negocios y los desprecios a las familias. La acción terrorista, en algunos ámbitos como el vasco, sólo eran la punta de iceberg de un terror mayor que se aplicaba a la sociedad para atenazarla y eliminar toda discrepancia, con la vigilancia en los barrios y pueblos por una red numerosa de chivatos, miembros de su mundo social. Todo ello financiado con las ayudas públicas a las asociaciones culturales o políticas o el mercadeo de la droga entre la juventud.

Por esta cuestión, la caída del muro y el fin de la guerra fría, traerá la desaparición de la mayor parte del terrorismo conocido, al perder sus redes de apoyo y aprovisionamiento. No obstante, aquellos que se sustentaban en el etnoterrorismo, como son los casos vasco e irlandés, se han de proceder con programas educativos que favorezcan la eliminación de aquellas ideologías asesinas, porque como bien decía el profesor Fernando García de Cortázar, las palabras también matan, porque mueven al odio y al asesinato. Sin embargo, en la actualidad, en España se desarrolla el fenómeno contrario al permitir el acceso a las instituciones públicas de movimiento con discursos violentos y contrarios a la unidad del país.

El terrorismo del nuevo milenio corresponde a discursos ideológicos diferentes como el islamismo radical, pero también se ve favorecido en su actividad por los servicios de inteligencia de Estados afines y asociaciones políticas o culturales que favorecen la extensión de redes de información, aprovisionamiento y ocultación de los comandos asesinos.

 

EL TERRORISMO EN LA EUROPA DEL BIENESTAR

Del Mayo del 68 a la caída del Muro

DYKINSON, 2020

José Luis Orella